Colonizar Marte y el negocio espacial: cuando Barcelona impulsa la carrera
¿Colonizar Marte es solo hype… o el preludio de un nuevo mercado industrial?
En este episodio de It’s a Match juntamos a dos ingenieros peligrosamente visionarios para bajar a tierra (un poco) la carrera espacial… y entender dónde está la pasta, el riesgo y la oportunidad empresarial.
Por un lado, Adrià (Pangea Propulsion), que quiere convertir su compañía en el “Rolls-Royce de la propulsión espacial”: no hacer cohetes enteros, sino motores reutilizables para que los grandes lanzadores europeos y globales compren “solo” la propulsión. Desde Barcelona, levantando una Series A de 23M€, jugando a largo plazo en un sector donde EE.UU. hace 130 lanzamientos al año, China 60 y Europa… 3. Y aun así, construyendo desde aqu í una pieza estratégica para la soberanía espacial europea.
Por otro lado, Edgar (IMAS), creador del “one stop shop industrial” que convierte powerpoints en productos físicos sin subcontratar toda la cadena: diseño, prototipado, 3D, mecanizado, montaje… y ahora también SaaS (Fabricer) para digitalizar fábricas de mecanizado. 20 años, crisis, impagos millonarios, cero rondas de VC y un modelo obsesionado con algo que en hardware es oro: diversificación extrema y recurrencia.
Entre cohetes aerospike impresos en 3D, motores que se enfrían con oxígeno líquido, tumbos geopolíticos entre ESA, Francia, España y Bruselas, y un repaso bastante honesto al calvario de financiar hardware deeptech en Europa, el episodio va de esto:
Por qué Europa no puede copiar el modelo SpaceX y necesita especializarse (propulsión, aviónica, estructuras…) si quiere competir con EE. UU. y China.
Cómo pasar de querer construir “el lanzador entero” a enfocarse en ser proveedor crítico de muchos lanzadores (y no morir en el intento).
Qué significa montar una empresa industrial que sobrevive a una crisis donde pierdes el 70% de la facturación y te quedas con una deuda de más de un millón.
Cómo de verdad se financia un proyecto que necesita años, hornos, cobre, ingenieros y pruebas destructivas… cuando los inversores quieren retorno en 24 meses.
Y qué pueden aprender emprendedores “de a pie” de dos tíos que han decidido complicarse la vida a lo grande… y aun así seguir jugando a largo plazo.
